Es erigir la nación como absoluto, al que todo, el derecho, la moral, la política, debería someterse. Siempre virtualmente antidemocrático (si la nación es verdaderamente un absoluto, ya no depende del pueblo, sino que es el pueblo el que depende de ella), y casi siempre xenófobo (quienes no forman parte de la nación están como excluidos del absoluto). Es un patriotismo exagerado y ridículo: erige la política en religión o moral. Por eso es naturalmente pagano y casi inevitablemente inmoral. (André Compte-Sponville; Diccionario filosófico).
miércoles, 28 de mayo de 2008
martes, 20 de mayo de 2008
Carpe diem frente a la utopía
Alexander Herzen, uno de los escritores políticos rusos del siglo XIX que contribuyeron a expandir las luces de la revolución francesa en el corazón de la tundra, aborrecía la idea escatológica de un futuro idílico de la humanidad; renegaba de la idea de un progreso inevitable al que se ofrendaban las mayores crueldades en el presente. Esta es una doctrina que ataca la vida humana, decía. El fin de cada generación es ella misma. La vida como la libertad son fines en sí mismos, y no deben sacrificarse en nombre de ningún ideal. Actuar de esta guisa es cometer un acto de sacrificio humano. Por ello, desconfía, como sugiere Ayn Rand, de todo aquél que llama al sacrificio, y pregúntate quién será el gran beneficiado. Desconfía de las frases hueras que prometen verdes praderas. Desconfía de la palabra Paz; Bien Común; Generaciones Futuras, especialmente si exigen el sacrificio de tu libertad. No desperdicies tu vida. La vida no se vive en la cara del otro, como dice Levinas en su pomposa alteridad. ¡Patrañas! No sacrifiques la lozanía de tu risa. No sacrifiques tu felicidad. No le faltaba razón a Vassili Grossman cuando afirmó que la historia de la humanidad es la historia de la libertad. Y la primera víctima de sus enemigos es la verdad. Y nuestra única arma: la razón. (El Rincón de Lord Acton).
domingo, 18 de mayo de 2008
Por principios
La situación se agrava por momentos. A la ascensión al poder de nuevo de Zapatero le sigue una crisis sin precedentes en el PP. Lo malo es que no parece que se trate de una crisis generada por un debate sobre el cambio de estrategia en la forma de enfocar la oposición en esta nueva legislatura, lo cual tendría su lógica. No, es algo más profundo y peligroso. Es una crisis de principios y de ideas. La prueba más evidente la hemos visto en el trato dispensado a María San Gil por los advenedizos del nuevo equipo de Rajoy. Ya tuvimos avisos de este giro inesperado del PP con los estatutos coartada del catalán; el de Valencia y el de Andalucía.
Da la sensación que la nueva dirección del PP interpreta el resultado de las elecciones desde la óptica de una imperiosa necesidad de cambio. Pero de un cambio ideológico, de giro hacia el centro, a la socialdemocracia o a no se sabe qué. Tienen la sensación que “cambiando” el PP ampliarán su base de votantes. El problema es la naturaleza de ese cambio. Si este supone una renuncia a los principios fundamentales que ha venido defendiendo el partido, como son la idea de España, la derrota del terrorismo, la igualdad de todos los españoles, la defensa del castellano etc. No solo no aumentará su base electoral, si no que el batacazo va a ser sonado.
El votante natural de la derecha se moviliza no tanto por las siglas como por los valores que representa una opción política. Lo hemos visto en Cataluña con el rotundo fracaso de Piqué cuando se ha intentado un PP “light” simpático con el nacionalismo. Lo que hay que cambiar no son las ideas, que son las correctas, si no la estrategia de comunicación, verdadero talón de Aquiles de la derecha española. La dificultad que tiene la derecha para hacer llegar, no digamos explicar, su ideario a la sociedad es crónica.
Si se abandonan los principios y se da por perdida la batalla ideológica otras opciones políticas emergentes con una clara vocación nacional como la que representa Rosa Díez serán el nuevo referente de muchos ex-votantes del PP.
